íNDICE DE CONTENIDO

 Nuestra Introducción a 'Confesiones de Fe'  
 
La Primera 'Confesión de Fe' de Londres, 1644(46)      
 
Apéndice de la Confesión 1646 - Benjamín Cox

INTRODUCCIÓN

Nota: El texto que sigue ha sido editado con el fin de corregir algunos errores ortográficos, modificar varias palabras, acortar algunos párrafos demasiado largos en varios más cortos, ampliar algunas áreas del escrito además de actualizar otros detalles según necesario. Iniciamos abajo el uso de la arroba, @, para señalar ambos géneros de forma más sencilla en lugar de la acostumbrada (a) al final de un pronombre masculino que realmente aplique tanto al género masculino como al femenino, a saber: "...estimad@ amig@..."

La más reciente actualización ha sido hoy,  12/07/08.         
David Surpless - Director


 A través de la historia de la iglesia de Cristo siempre han existido, de una forma u otra, las "Confesiones de fe", ya que son excelentes instrumentos para resumir y dar a conocer la fe que profesa creer una iglesia particular o grupo de iglesias. Al ser preguntado: "¿Y qué creen ustedes en su iglesia?",  ya resulta ser demasiado simplista el responder:  "Pues, creemos lo que la Biblia enseña."  

 Esas pueden y DEBEN ser palabras muy sinceras, no tenga usted la menor duda de ello;  pero, lo que unos, hoy día, creen ser la verdad tocante a doctrinas bíblicas específicas a veces dista mucho de lo que otros con igual sinceridad profesan creer que, decir, "creemos lo que la Biblia dice", a veces resulta ser demasiado vago o indefinido. Es lamentable que así sea, mas, ¡así es! Admitir tal realidad es aceptar una verdad presente en medio de la cual vivimos.

 Por esta razón es que, a través de los siglos, unas y otras iglesias han escrito su propia 'Confesión (declaración) de Fe' o se han identificado con alguna previamente escrita y aceptada con el loable fin de ofrecer, en la medida que pueda, estabilidad y dirección espiritual a sus congregaciones en lo que a normas y doctrinas bíblicas se refiere.

 Este mecanismo escrito ofrece al creyente la oportunidad de conocer qué es lo que en tal o cual iglesia se cree y se practica, brindándole, así, la oportunidad de poder escoger no unirse a la membresía de una iglesia local particular, de encontrar que existe sustancial desacuerdo, o, por el contrario, de unirse a aquella en donde existe sustancial acuerdo.  Es decir, una 'Confesión de fe' es un medio por el cual una iglesia puede resumir honestamente su creencia y práctica actual, declarando de esa manera lo que cree... y aun evitar con ello futuros problemas. Y esa es una función legítima, y hasta necesaria.

 Note, mi amig@ lector@, que dije resumir... no regir.


'Una Confesión de fe' es un medio por el cual
una iglesia puede resumir honestamente
su creencia y práctica actual.


 Muchas iglesias cristianas llegan a enseñar errores a la vez que también creen y enseñan verdades.  Es una extraña mezcla que da fe de nuestra gran necesidad de ser enseñados, siempre, por el Espíritu de Dios.  Sin embargo, el hecho de que en algunas áreas doctrinales haya diferencias entre genuinas iglesias de Cristo jamás significará que una iglesia deba o pueda juzgar a otra como 'no-creyentes', 'enemigos de Dios' o, peor aún, 'herejes'. ¡Jamás! Lamentablemente, tales situaciones existen, sin duda. Las he vista... las he vivido.

 Diferencias las habrá siempre... por una y otra razón (vea nuestra respuesta sobre el tema en la sección Preguntas y Respuestas). Ejemplo de ello es la gran diferencia que existe entre genuinos cristianos sobre la doctrina del bautismo, así su modo como quiénes pueden ser bautizados.  Yo, como cristiano bautista, me sentiría más cómodo en una iglesia que practica esta ordenanza bíblica de la manera que mi corazón me convence es la que enseña la Biblia. 

 Si una iglesia local especifica en su credo escrito –Confesión– que practica algo que yo sé  –sin lugar a duda alguna– es contrario a mi entendimiento de la Palabra de Dios en ese particular, esa Confesión me habrá ayudado en tanto y en cuanto me permitió conocer lo que allí creen y practican.  Esto me brinda la oportunidad de buscar otra iglesia a la cual unirme. Y así por el estilo... un ejemplo tras otro. 

 A la luz de lo ya dicho, también afirmamos que es muy peligroso –espiritualmente hablando– el que una iglesia dogmáticamente afirme que ella es 'confesional en su doctrina y práctica'; es decir, que se rige por los postulados de una Confesión.  Mi experiencia de muchos años me ha corroborado que, al hacer tal reclamo, muchas iglesias –tal vez sin la menor intención de así hacerlo, aún más, sin darse cuenta– elevan sus 'Confesiones' a un sitial de mayor autoridad espiritual que la misma Biblia... y esto lo decimos con mucho temor y honestidad ante Dios.  El artículo que sigue le ofrecerá más detalle sobre este particular.

 Durante el siglo pasado vivió en Inglaterra un muy conocido siervo de Dios que le recomendó a la iglesia que pastoreaba la 'adopción' de una particular 'Confesión de Fe' como una "ayuda en la fe y la controversia" para los miembros de esa iglesia.  Insistió él que la autoridad sobre la conciencia de cada creyente le pertenecía sólo a Dios a través de su santa Palabra.  Esa es, también, nuestra postura.


La autoridad sobre la conciencia de
cada creyente le pertenece sólo a Dios
a través de su santa Palabra.

 Quien escribe estas líneas tuvo el privilegio y gran responsabilidad de ser el traductor original al español de la Confesión de Fe de Londres de 1689.   Esa ardua tarea dio lugar –unos cuantos años después del hecho– a que, ante mayor instrucción espiritual por el Autor de la Biblia, llegara a comprender que algunos temas en dicha Confesión –la 1689,  históricamente una 'versión presbiterianizada' de la original Confesión de Fe de Londres del 1646, forjada bajo fuertes presiones religiosas, cívicas y políticas de aquellos días– no se ajustaban al legítimo y requerido lugar bíblico de las enseñanzas de Cristo sobre el nuevo pacto que él estableció en su sangre

 Esta 'Confesión' contempla y define la 'ley de Dios' desde el punto de vista de 'los diez mandamientos' mosaicos, las tablas de piedra, el pacto antiguo. Afirma que esa antigua ley de pacto es, en efecto, 'ley sobre la iglesia de Cristo' hoy día. Una sencilla lectura de los capítulos sobre 'la ley' de Dios no le dejará con dudas sobre tal realidad.

 Por 'presbiterianizada' sólo pretendemos identificar el modelo doctrinal denominacional / teológico reflejado en algunas de sus afirmaciones... no que por ello sea bueno o malo... mejor o peor... ¡jamás!  Es que la '1689' es una versión breve de la Confesión de fe Westminster del '1646' (la oficial de la Iglesia Presbiteriana y otras de ordenamiento jerárquico similar) con algunos ajustes o cambios para hacerla aceptable también a un pequeño grupo de iglesias bautistas de ese día.

 Cabe señalar que esas iglesias bautistas eran las 'sucesoras históricas' del pequeño grupo de iglesias que publicaron la Confesión del 1644, revisada en el 1646. [Más sobre este particular en lo que sigue de esta introducción.] También quiero aclarar en este punto que la Confesión original de los anabautistas no se identificaba como 'bautista', sino sólo como la Confesión de Londres de tal año.  Verá una copia fiel al original –traducida al espeñol– en las páginas que siguen. Es decir, una publicación corriente de dicha Confesión yerra al llamarla, 'Confesión bautista del año tal'. Sólo se llamaba, 'Confesión de Londres del año'.

 Además, presenta un énfasis más bien legalista del 'día del Señor', o del supuesto 'sábado cristiano' –refiriéndose no al descanso espiritual en Cristo que la Biblia enseña en Hebreos sino a la observación del primer día de la semana– en el cual se profesa retener lo 'santo del día séptimo' así como diversos requerimientos y prohibiciones para su observación  procedentes del pacto antiguo, los diez mandamientos mosaicos. 

 Esto es así porque dicha Confesión parte de la premisa –en cuanto a los pactos de Dios se refiere– de que lo que la Biblia denomina el pacto antiguo –que ya caducó (vea Hebreos 8:13)– sigue siendo un 'pacto eterno', vigente y aplicable hoy sobre la conciencia del cristiano, cosa que conflige directamente con la enseñanza del Nuevo Testamento en el sentido de que, bajo el 'nuevo pacto' establecido por Cristo por medio de su sangre en cruz, la ley que rige es la de Cristo, la de la libertad a través del Espíritu Santo (vea Gálatas 6:2, que dice "...cumplid así la ley de Cristo"). Le invito a leer este párrafo otra vez. Es clave en lo que aquí le presentamos sobre este tema tan vital de la fe cristiana.


"Sobrellevad los unos las cargas de los otros,
y cumplid así la ley de Cristo."
 
Gálatas 6:2


 A modo de clarificación, con la frase "parte de la premisa", arriba, ni afirmamos ni insinuamos que los autores de dicha Confesión tuviesen como fin específico el perpetuar una perspectiva teológica tocante a los pactos de Dios, una contra la otra. Hasta donde conocemos la historia de la iglesia y las Confesiones de fe, en ese momento histórico no existía un debate sobre los pactos, a saber, el pacto antiguo contra el nuevo o el nuevo contra el antiguo. De existir, no era un debate abierto o contencioso. Sus pruebas mayores eran las de persecución religiosa de parte de los gobernantes, y en medio de tales pruebas querían darse a conocer mediante sus 'Confesiones de fe'.

 Con dichas palabras sólo significamos que las expresiones en dicha 'Confesión' tocantes a la implementación de la ley de Dios entre los hombres –así como todas sus ramificaciones– reflejan sus convicciones y creencias en ese momento particular, siendo éstas su 'premisa'.  Y esa premisa expresada es en el sentido de que los 10 mandamientos eran y siguen siendo la 'ley eterna de Dios' a la cual la iglesia ha de someterse. Premisa que reta la enseñanza bíblica, además de ser una de profundo peligro para la fe del cristiano y la función de la iglesia de Cristo sobre el único fundamento de 'la ley de Cristo'.

 Y es claro que, por las razones que hayan sido, los bautistas que
participaron en la creación de la 'Confesión de Londres del 1689' se allanaron a una muy particular vertiente interpretativa de la ley de Dios, a saber, que la ley mosaíca fue y sigue vigente entre los creyentes, según numerosas declaraciones en la misma afirman. No cuestionamos su sinceridad de espíritu ni su motivación. De eso no se trata.

 Sólo afirmamos lo obvio: la teología allí plasmada reflejaba [y refleja aún] que, para ellos, la ley de Moisés, a saber, los diez mandamientos en tablas de piedra dados en el Sinaí, aún seguían vigentes como 'la ley' sobre la iglesia. Parte de su razonamiento o lógica para tal aseveración es que definen los 10 mandamientos, o el pacto en tablas de piedra, como la ley eterna de Dios, calificativo o descripción que Dios mismo jamás le da en toda la Biblia. NO ES TERMINOLOGÍA BÍBLICA.

 En ésto, los bautistas participantes tomaron una posición contraria a sus hermanos predecesores que forjaron la 'Confesión de Londres de 1644'(46), la que comunica una muy clara perspectiva doctrinal cristológica, bautista. Afirmamos que tal noción expresada en la 'Confesión 1689' por las mismas 7 iglesias es diametralmente contraria a las Escrituras reveladas y así lo afirmamos con todo el debido respeto hacia quienes ven el 'pacto antiguo' como la 'eterna ley de Dios' en vez de lo que es: 'el pacto antiguo' YA CADUCADO. Lo hacemos con un genuino y profundo sentido del amor de Cristo que obra en nosotros por causa de Su gracia. Es ese amor que nos motiva a "contender por la fe una vez dada a los santos".

 Entienda el lector –reafirmando lo declarado en las anteriores líneas– que dicho énfasis no surge de declaraciones específicas que nombren uno que otro pacto sino de premisas dadas por sentadas en las cuales ciertos preceptos, que sólo tuvieron legitimidad según formaron parte del pacto antiguo, son afirmados como vigentes en la iglesia de Cristo y, por ende, aplicables como normas espirituales rectoras de la fe y práctica del creyente en la iglesia de Cristo de hoy.

 Dado el caso de que ya existe en nuestra lengua la publicación de esta última 'Confesión' [1689], hemos creído prudente –además de muy  necesario– el poder facilitar a los cristianos hispanohablantes que así lo deseen una copia de la original  Confesión de Fe de Londres del 1644 ['46] [Confesión doctrinal de un pequeño grupo de siete  iglesias bautistas en Londres], proveyéndoles, así, la oportunidad de comparar las afirmaciones doctrinales de ambas a la luz de las santas Escrituras de Dios. 


  La Palabra de Dios es la única autoritativa e
infalible regla de fe y práctica para el cristiano.

 Es la Palabra de Dios, a fin de cuenta, la única autoritativa  e infalible regla de fe y práctica para el cristiano;  de ahí que cada creyente, como persona individual ante Dios, tiene responsabilidad total y personal de estudiar la Biblia por sí mism@ e interpretarla bajo la única y exclusiva dirección del Espíritu de Dios. Los 'dones' a la iglesia [Efesios 4:8-13] son dados como instrumentos de ayuda en el proceso de conocer la Palabra; mas, no tenga duda alguna: la obra que nos lleva a creer y sentir convicción en el corazón sólo procede del Espíritu de Dios;  él solo enseña la Biblia, la Palabra de Dios, pues es ésta la única fuente de autoridad divina sobre la vida y fe del creyente... él es la única Autoridad Legítima,  ¡no meramente de palabra sino de hecho!

 Le invito, así como ya hice más arriba, a leer otra vez el párrafo anterior. Mi oración a Dios es que Ud. pueda comprender, a través de esta introducción, la gran diferencia entre 'establecer y defender la fe' en base a lo escrito en un documento humano, entiéndase, 'Confesión de fe' o en base a la única y exclusiva fuente de Verdad eterna, la santa Biblia. No comprender la diferencia es una camino de peligro espiritual que siempre conducirá, sin falta, a la caída y al desastre espiritual... y a veces, lamentable, el desastre moral. Y es que hay relación entrambos.

 Por buenas que sean, las 'Confesiones' nunca tuvieron, no tienen ni han de tener autoridad divina sobre las almas, a pesar de los  reclamos al contrario de parte de personas sinceras que se atreven afirmar por escrito que una 'Confesión de fe' ofrece a los miembros de una iglesia local "la certeza de la ortodoxia de su profesión". Así reza en su introducción un Comentario sobre la Confesión del 1689 que tengo en mi biblioteca. Cada vez que leo dichas aseveraciones, no ceso de asombrarme y preguntarme: ¿Cómo puede un pastor cristiano decir tales cosas? ¿De veras que así lo cree, o es un acomodo al círculo eclesial en que se mueve? Él conoce la respuesta... y Dios también.

 En la práctica, esto implica que las dogmas escritas en tal o cual Confesión son las normas por las cuales se examina y se determina que una creencia o práctica sea ortodoxa [entiéndase bíblica o de acuerdo a la sana práctica y fe doctrinal] o no.  Y debe ser todo lo contrario, a saber, que lo resumido en una Confesión sea examinado a la luz de la Palabra de Dios para asegurar su ortodoxia o falta de la misma. La genuina fe cristiana se basa SÓLO en la Palabra; las sectas descansan en una mezcla de fuentes tradicionales de carácter humano. Y con el nombre, 'sectas', me refiero también a las que se consideran 'cristianas'.


Lo resumido en una Confesión ha de ser
examinado a la luz de la Palabra de Dios.

 Después de todo, una 'Confesión' es un intento humano por resumir en pocas palabras la Verdad de Dios enseñada en la Biblia según la entienden sinceramente quienes se ocupan en su confección.   La palabra final, autoritativa siempre residirá en la Palabra viva de Dios; es élla la única fuente que establece y asegura la "certeza de la ortodoxia de la profesión de fe de un cristiano" [una cita del Comentario sobre la 1689 ya mencionada]. ¡Afirmar lo contrario es resistir a Dios mismo! 

 Declarar o escribir que una "Confesión" –sea cual sea– establece el criterio de lo ortodoxo de la fe es afirmar, sin discimulo alguno, que dicho documento es la fuente final en lo que a las verdades expresadas en su contenido respecta.  Negar esa realidad es pretender "tapar el cielo con la mano" –como decimos aquí en Puerto Rico– aunque quien así haga no comprenda, por causa de la sinceridad de sus motivos,  que esté errando de tal manera.

 Nada más considere esta posibilidad: 'Que las iglesias que, hoy día, escriban su propia confesión de fe –acción totalmente legítima según más adelante le indicaremos–  afirmaran, en años futuros, que dicha Confesión es el documento que establece la fe y ortodoxia de sus iglesias! Usted me dirá: "¡Eso es imposible; sería algo terrible! ¿Cómo podría una iglesia colocar en tal lugar de autoridad doctrinal a un documento que ellos mismos confeccionaron?" Su asombro... su pregunta tendría toda la razón.


¿Cómo podría una iglesia colocar en tal
lugar de autoridad doctrinal un documento
que ellos mismos han escrito?


 Sin embargo, eso mismo es lo que muchos defensores de las viejas Confesiones de fe están haciendo hoy día, comprobado en las primeras páginas del comentario arriba señalado. ¡Lo ortodoxo se confirma con documentos escritos por seres humanos [como nosotros] de hace varios siglos! Es decir: La reacción de asombro, o aún repudio, sería para iglesias de hoy día que, en pocos años, se atrevieran afirmar que sus declaraciones de fe han venido a ser rectoras de su ortodoxia, mas no así para las iglesias locales que escribieron muchas versiones de su confesión en el siglo 17. ¡No!

 ¡Esas confesiones no son ni pueden ser nuestra ayuda y guía en el camino de la ortodoxia! No eran rectoras de la fe de quienes las escribieron sino sólo expresiones públicas de su fe que descansaba en la Palabra inspirada. ¡Dichosa inconsistencia!

 O la Biblia sola establece los criterios de la ortodoxia en una iglesia o el hombre falible acepta que su mente y corazón se rigen doctrinalmente por lo que escribieron unos pocos seres humanos falibles antes del 1646 y 1689 o después  [¡Sí; hubo muchísimas versiones de estas confesiones, prueba de la falibilidad y total humanidad de esos cristianos!]. Pero, hablando de la Biblia... ¡Hay una sola; Y no cambia!

 Y afirmar tal como arriba cité, que una Confesión [por implicación, la del 1689, aunque da lo mismo con cualquier versión que se pudiere tener en mente, incluyendo la del 1644], "establece la ortodoxia de la profesión de fe en Cristo" es una asombrosa y trágica admisión de una  religión 'evangélica' que, en su fundamento más básico, establece su legitimitad con documentos escritos por hombres no inspirados.


Afirmar que una Confesión de fe establece
la ortodoxia de la profesión de fe en Cristo
es una asombrosa y trágica admisión.

 Y, tales iglesias jamás podrán esconder el hecho de que su práctica y fe, aunque abiertamente afirmada como que descansa en la Palabra de Dios, realmente se mide, rige, examina, evalúa, legitima, etc., a la luz de la Confesión de fe  que han aceptado como su 'guía'. ¡Y tanto que se critica a las sectas por ser éstas religiones que no andan según la Palabra de Dios! ¡Tanto que se ha criticado a la iglesia católica romana por su uso de 'tradiciones y costumbres!

 ¿Cuál es la diferencia entre una secta o 'religión evangélica' cuya fuente autoritativa doctrinal no es 100% la Biblia sino que incluye su Confesión predilecta y acepta como autoridad legítima los escritos de venerados líderes cristianos del pasado que con gran habilidad nos legaron sus escritos de 'buenas y lógicas deducciones' teológicas basadas en la arena movediza del vaivén religioso de mortales pecaminosos? 

 Sepa usted, estimad@ lector@ de estas líneas que, cualquier doctrina que no surja 100% de las Escrituras no es según el evangelio de Cristo. Si es necesario manipular textos con el fin de crear la apariencia de armonía textual, algo anda mal. No quiero decir por ello que todo en la Biblia es fácil de entender. ¡No! Por el contrario, hay mucho que es difícil.

 Mas, cuando afirmamos que tal o cual verdad es según la describimos, mejor fuera que la evidencia sea 100% textual de la Biblia. Si no, es mejor callar hasta tanto uno haya sido enseñado por Dios. Si afirmamos como Verdad de Dios aquello que sólo cuenta con la opinión de un escritor o teólogo, libro o Confesión, estamos cayendo en el gravísimo error de añadir a la Palabra de Dios, de elevar a nivel de inspiración divina lo que no es otra cosa que opiniones y escritos de seres mortales pecaminosos. ¡Y eso es muy serio!

 Poco antes de la cita ya ofrecida arriba, el mismo libro también afirma en su introducción que: "Las confesiones son un medio legítimo para que la Iglesia cumpla su tarea como 'columna y baluarte de la verdad'"   [énfasis subrayado nuestro]. ¿Comprende Ud. el grave error de tal afirmación?  Esa 'columna y baluarte de la Verdad' eterna de Dios, la verdadera iglesia de Cristo, jamás dependerá de cuán fieles sigamos los postulados de un documento humano, sea cual sea. ¡Es imposible!

 O es la Palabra inspirada de Dios el fundamento de esa columna y baluarte de la verdad, la iglesia de Cristo, o no existe tal fundamento o base para la fe. La Verdad de Dios en su iglesia no comparte ni depende de documentos humanos para establecer y fortalecer esa 'columna y baluarte de la verdad'. Ella lo es de por sí sola, sin nuestra ayuda o apoyo. Afirmar lo contrario es algo tan asombroso e increíble que no deja de chocarnos. ¿Cómo puede un cristiano razonar así?

 Uno se pregunta: ¿Qué pensaba el autor de esas palabras cuando las escribió? Realmente pienso que no sabía lo que decía. Quiera Dios iluminarle antes de partir a la eternidad para que tenga ocasión de rectificar y retirar tales afirmaciones tan vacías de fundamento bíblico.


La Verdad de Dios en su iglesia no comparte
ni depende de documentos humanos para ser
columna y baluarte de la Verdad.

 Si hay verdades declaradas en las Confesiones (la 1646, 1689, etc.) –y las hay–  son verdad porque la Biblia lo dice así... no porque fueron incluídas en dichos documentos humanos.  Es el Espíritu de Dios que mora en la iglesia de Cristo quien nos ayuda a ser esa "columna y baluarte de la verdad" eterna de Dios. Algunos líderes religiosos han perdido su norte espiritual en estas cosas; y es tiempo de que vuelvan a 'tirarse de cabeza y corazón' dentro de sus Biblias, echando a la basura, de ser necesario, sus amados libros, comentarios y confesiones para que sean  iluminados en la luz divina que al principio los condujo a Cristo. Que lo tengan todo 'por estiércol' por conocer otra vez –¡o quizás por primera vez!– la Verdad de Cristo.

 No son pocos los líderes cristianos –sean pastores o no– que he conocido a través de los años quienes dejan ver, en lo que dicen y en sus actitudes, que la cuantía de libros en su biblioteca pastoral es causa de orgullo personal... como si fueran indicadores de cuán conocedores son, o cosas así parecidas. Yo tengo muchos comentarios. No tengo porqué esconderlo. Mas, NO son la base de mi fe y convicciones. La doctrina que creo no se nutre de esas fuentes. Me informan, así como cuando escucho una prédica de un siervo de Dios. Pero, la fuente de Verdad no está en ellos. Esa Fuente es la Palabra eterna. ¡No hay otra!

 Podría éste vaso de barro citar ejemplo tras ejemplo de lo que afirmo arriba sobre las Confesiones de fe humanas, mas, no cabría en estas páginas lo que podría compartir con ustedes sobre el tema. Sin embargo, consideremos el siguiente ejemplo con referencia a 'la eterna ley de Dios' o la supuesta 'ley moral' de Dios...

 En la Confesión de 1689 se declara en el capítulo sobre 'la ley de Dios' que, 'la ley puesta por Dios en el corazón de Adán fue declarada luego en el Sinaí: los diez mandamientos'. Luego hay incisos que afirman que esa ley fue dividida en dos principales categorías: una 'moral' y la otra 'ceremonial'.

 Uno lee en libros, comentarios bíblicos, mensajes, estudios, etc., sobre la supuesta 'ley moral' o la 'ley ceremonial'. Y no es asunto de que no habían leyes y mandamientos dentro del pacto antiguo que fuesen de carácter 'moral' o 'ceremonial'. Claro que sí. Mas, una cosa es que el carácter o la naturaleza de una ordenanza sea ceremonial o moral y otra cosa es establecer, de facto, que esas son 'categorías de ley divina' que se puedan dejar atrás o retener, a conveniencia, como obligatorias sobre la iglesia de Cristo.

 En mi experiencia he visto que muchísimos creyentes escuchan esos términos y ni siquiera se les ocurre preguntar: '¿De dónde surgen estas categorías... de la Biblia? Quienes han preguntado ante tal inquietud de espíritu habrán recibido la respuesta general: "Son establecidas en la 'Confesión de fe' tal o cual y las aceptamos como buenas deducciones lógicas." ¡Oh, claro que sí! Aceptadas no porque la Biblia las enseñe como tal sino porque la Confesión oficial las declara de esa manera. Son muchos los 'maestros' que darán cuenta a Dios por perpetuar tales conceptos no bíblicos dentro de la iglesia de Cristo. ¿Habrán olvidado que las ovejas le pertenecen a Cristo y que él las cela con amor eterno?

 Dada la realidad de las declaraciones de este documento de hombres
no inspirados, las ovejas de Cristo sometidas a la autoridad y enseñanza de quienes así creen son instruídas en tales 'verdades' de la Confesión y, sin duda alguna, aceptan que se les ha enseñado la verdad de Dios sobre estos particulares. Son sinceros, aunque lo que aseguran ser 'Verdad de Dios' sólo es garantizado como tal por este documento humano, y no por la Biblia. No olvidemos que lo que el ser humano declara ser 'verdad de Dios' cuando no lo es se le llama en la Biblia: 'mentira'... ¡MENTIRA! ¡Más que claro!


Lo que aseguran ser 'Verdad de Dios'
sólo es garantizado como tal por este
documento humano y no por la Biblia.

 Cuando traduje por primera vez ese documento histórico, era un joven inmaduro en mi conocimiento espiritual. Dios se tomó algunos años para abrir mi espíritu a la realidad de que esas afirmaciones que cité arriba sólo existen en documentos y libros de origen humano, y que la Biblia enseña todo lo contrario. ¿Acaso no nos asegura la Biblia que Dios estableció "su pacto, las diez palabras" con aquellos padres allá en el Sinaí? ¡Claro que sí!

 ¿Dónde nos enseña la Biblia que Dios puso la ley de los diez mandamientos en el corazón de Adán? ¡En ningún sitio!  Y, ¿No nos enseña Dios, en Hebreos, que Cristo quitó esa vieja ley dada en el Sinaí para en su lugar poner la suya, el pacto nuevo? ¡Claro que sí! Sin embargo, esa gloriosa verdad es pasada por alto en las Confesiones que perpetúan la ley mosaica del antiguo pacto, las palabras escritas en tablas de piedra y guardadas en el arca del pacto. Son mutuamente excluyentes, y lo que prevalece con mayor peso es la 'tradición de los hombres', por bien intencionada que sea. La Verdad de Dios no depende de documentos humanos sino de la Palabra eterna inspirada por Dios.

 Y, en cuanto a las categorías de ley: ¿Dónde nos enseña la Biblia que Dios estableció un grupo de 'leyes morales' y otro 'ceremonial' a fin de que Cristo, en su muerte, eliminara un grupo o el otro? ¡En ningún sitio! Sin embargo, la sujeción a una Confesión que así afirma sólo llevará a 'los obedientes' a estar atados bajo el yugo de ley que Cristo ya quitó.

 Pero, como la Confesión de 1689 afirma que esos diez mandamientos son la 'ley eterna' de Dios –cosa que la Biblia no enseña en texto alguno–, las ovejas así instruídas viven seguras de que, en su fe, están en y son esa "columna y baluarte de la verdad". Claro está, que las ovejas, aunque responsables de estudiar la Palabra por sí mismas para así confirmar que las cosas enseñadas son así, tienden a seguir la instrucción y dirección de su pastor o pastores. Es algo natural el que las ovejas sigan a su pastor. ¡Y los pastores daremos cuenta a Dios según condujimos a Sus ovejas en la Verdad de la Palabra, y si las llevamos a 'pastos viejos, no inspirados' de origen humano.

 ¿Qué le dirá a Dios un pastor que enseñó a las ovejas de Cristo bajo su cuidado tal como ilustramos arriba... "Pero, Señor, yo seguí los consejos de mis mentores en cuanto a doctrina y las buenas  Confesiones", ad infinitum? El caso es que Dios nos ha dado Su Palabra inspirada para que la enseñemos, y le vamos a dar cuenta si lo hicimos o no. De esa no se escapa ninguno. ¡Tanto error doctrinal que se enseña en el nombre de la 'gracia de Dios'! Y esto de igualar la ley que Dios puso en el corazón de Adán con el pacto de las 10 palabras dado en el Sinaí es peor que un disparate. ¿Pudiera considerarse herejía? Es posible. Es puro invento humano, plasmado en documentos que luego son recibidos como si fueran enviados directos del cielo.


Dios nos ha dado Su Palabra inspirada
para que la enseñemos; y le vamos a
dar cuenta si lo hicimos o no.

 En otras palabras, lo que creen ser la verdad sólo está plasmado en un documento de origen humano, no en la Biblia. De nada valdrá hallarse suplicándole a Dios en el día de juicio: 'Pero, Señor, tú sabes que yo creí con corazón sincero lo que escribieron tantos siervos tuyos, y lo que me enseñaron los pastores tal y cual... yo consulté con los líderes legítimos que estaban sobre mí, etc., etc.'. Dios juzgará sólo según Su eterna Verdad, la Palabra de Cristo, y esa se halla sólo en la Palabra inspirada.

 En ningún momento Dios nos examinará para ver cuán fieles fuimos en la enseñanza de los postulados de libros o 'Confesiones de fe', no importa quién los haya escrito. El único Escrito que él nos ha dado para que la propaguemos es su santa Palabra, y Su juicio de nuestras obras  tendrá que ver sólo con 'lo que hicimos' con esa Palabra. Lo demás es estiércol en comparación.

 Enseñe sólo la Biblia y será fiel siervo del Señor de señores; enseñe lo escrito en una Confesión humana como fundamento de alguna verdad, aunque sea una, y será hallado 'un siervo inutil' en el reino de Dios.

 Reiteramos con espíritu sencillo, manso y con todo el debido respeto que, hoy día, son muchos los que con aparente sinceridad aseguran que, por nada del mundo están sujetados en sus iglesias a documentos de origen humano no inspirados... que sólo se someten a la Biblia. Sin embargo, no tardará en escucharse de sus labios las referencias a algún escrito favorito sobre el tema de 'la ley moral',
–¡y con mucha autoridad y seguridad!– definida por ellos como los 10 mandamientos mosaicos.

 Y la pregunta que sigue es obligada: ¿De dónde en la Biblia sacaron esas 'dogmas' de 'la ley moral' o de que los 10 mandamientos son la 'ley moral de Dios' que perdura sobre la iglesia y el cristiano individual? Sabemos que toda ley de Dios es de naturaleza moral, mas, ese es otro asunto. ¿En qué parte de la Biblia se nos enseña que Dios estableció una 'ley moral' y otra 'ceremonial', a fin de quitar una y dejar la otra? En la Biblia cristiana no está, así que será en otra ajena a la que Dios nos dio. Todavía no la he visto ni tenido en mis manos.

 La respuesta es sencilla: 'De la Biblia no salen tales conceptos'. No son otra cosa que conceptos 'teológicos' [prefiero llamarlos 'humanológicos' por ser su 'fuente de origen' la mente y el corazón humano]. Una cosa es segura: Definitivamente no son conceptos bíblicos. Sin embargo, afirman que sólo se someten a la Biblia y que las Confesiones no tienen autoridad sobre sus almas. ¿En qué quedamos, pues... Es la Biblia nuestra fuente de autoridad o son los documentos humanos esa autoridadNo pueden ser los dos, pues, sólo hay una fuente con autoridad divina, y Esa es la santa Palabra de Dios.

 ¿Qué, pues, ha venido a ser para los tales la base de esa fuerte columna de la verdad? La respuesta es meridianamente clara: La Biblia y la 'Confesión de fe' que expone e instruye a los fieles en 'la verdad'. Con gran tristeza afirmamos que, sobre los hombros de los líderes, pastores y maestros [los tales auto-denominados 'líderes eclesiásticos legítimos] cae la mayor responsabilidad por llevar a las ovejas bajo su cuidado a depositar su fe en postulados doctrinales no enseñados en la Biblia sino en las falibles 'Confesiones de fe', no importa cuál sea.

 Concluyo este ejemplo recordando un incidente ocurrido hace muchos años en una conferencia bíblica donde se trataba el tema del nuevo pacto en la sangre de Cristo, pacto siempre recordado al participar la iglesia de Cristo de la cena del Señor. [Vea mi libro, Esta Copa Es El Nuevo Pacto En Mi Sangre en nuestro sitio web, Voz de Gracia.com.]


Nuevo pacto en la sangre de Cristo...
pacto siempre recordado al participar
la iglesia de Cristo de la cena del Señor.

 Concluída ya una de las sesiones, y entrados en un período en que los oyentes podían hacerle preguntas al conferencista, uno de ellos le preguntó: "Hno., ¿Por qué Ud. nunca mencionó la 'ley moral' en su estudio?"  Esperó varios segundos y con amor respetuoso le respondió: "Porque tal concepto de división en la ley mosaica no existe en la Biblia. Yo nunca la he visto. Dígame usted en qué pasaje bíblico está y nos vamos allá para examinarlo." Quien hizo la pregunta le respondió algo así: "Bueno, yo no sé dónde está (¡y era un pastor!), pero sí sé que tal y cual autor lo explica de manera muy clara y sé que la 'Confesión de fe' lo afirma de esa manera."

 El evangelista le puso punto final al asunto al asegurarle a quien hizo la pregunta: "Si encuentra ese texto bíblico antes de finalizar la conferencia, me lo hace saber y, con mucho gusto, lo atenderemos." ¡Se acabó el tema! ¡No había tema para hablar ya que no existen en la Biblia tales categorías! ¡Sólo en la Confesión, el documento de origen humano! El maestro que enseñe a las ovejas de Cristo acerca de 'la ley moral' o 'la ley ceremonial', hablando de las mismas como categorías legítimas en la doctrina de Cristo, está enseñando 'otro evangelio'. ¡Así de sencillo... y trágico... aunque no comprendan lo que hacen!

 Mas, no tome mi palabra al respecto; busque Ud. en la Biblia a
ver si es verdad ésto que le acabamos de afirmar.  Si halla tal categoría, comuníquese con nosotros sobre la misma. ¡Se lo digo con sinceridad de espíritu! Recuerde, no es asunto de que las leyes de Dios en todo tiempo sean de naturaleza moral; ese es otro asunto por completo. Se trata de una categoría específica de ley, llamada 'ley moral' la cual supuestamente contrasta con la otra categoría, a saber: la 'ley ceremonial', dando lugar a que una se quite y la otra permanezca. ¿Dónde está?


¡No había tema para hablar ya que
no existen en la Biblia tales categorías!
¡Sólo en la Confesión!

 Para facilitarle su búsqueda y comparasión, le diré que en la 'Confesión del 1689', el Cap. 19, sobre 'la ley de Dios', los incisos 3 y  5 son los que dicen [de manera abreviada]: "3. Además de esta ley [en el corazón], comúnmente llamada ley moral..."; y "5. La ley moral obliga para siempre a todos, tanto justificados como los demás...".

 Observe que el #3 asume la existencia de tal nombrada ley a pesar de no hallarse dicha descripción o términología en la Biblia. Una vez asumida, se declara como obligatoria sobre todo ser humano para siempre, cosa que tampoco se enseña en la Biblia. Tome nota cómo los autores de dicha Confesión describen como cosa de conocimiento general o común, al decir: "...comunmente llamada ley moral."

 No dice ni implica que esa 'ley' se describa así en la Biblia, sino sólo que así es que se le llama 'comunmente'. Sin ganas de ofender, pero con franqueza pregunto, ¿Y qué...? ¿Qué importan las modalidades o usos comunes que los mortales le demos a conceptos bíblicos o religiosos?  Si el fundamento racional es que trata de algo 'comunmente conocido' de una u otra manera, entonces, ¿Por qué hallar falta en los usos conceptuales errados que abundan en las iglesias no cristianas? ¿Cómo criticar o censurar el uso de la 'tradición' en la iglesia catolica romana?

 Al leer las afirmaciones de dicho capítulo sobre 'la ley de Dios', verá que se crea una división artificial entre 'leyes ceremoniales' y 'la ley moral'.  Es muy fácil ver que los 'diez mandamientos' son  la porción de la ley que no se considera ser 'ceremonial', por lo que 'la 1689' afirma que los '10' son esa 'ley moral' que perdura para siempre.

Una vez asumida ('la ley moral'], se declara como obligatoria sobre todo ser humano para siempre,
cosa que tampoco se enseña en la Biblia.

 Aún así, muchos que así creen también enseñan en sus iglesias que el 4to mandamiento (del pacto] es ceremonial. Si ese fuera el caso... que sea 'ceremonial'...  entonces, ¿Por qué lo implantan y observan si 'ya caducó'?  Después de todo, si el sábado hebreo fuera ceremonial –es decir, parte integral de la categoría  de 'leyes ceremoniales'– tendría más sentido que lo dejaran a un lado por lo que es... caducado junto a las demás 'leyes ceremoniales' que, según esa vertiente teológica, caducaron.

 Sin embargo, es el sábado del 4to mandamiento el que con más fuerza se busca implantar en las iglesias que siguen las pautas de la 'Confesión de fe del 1689', 'Westminster' y otras. ¿Por qué? Entre otras cosas, lo que ocurre es que introdujeron un cambio muy sútil. Mudaron el sábado al primer día de la semana, usando la terminología 'día del Señor', que en sí es bíblica, en lugar de sábado, mas, requiriendo la observación estricta de ese 'nuevo día' con todos los rigores del sábado antiguo. ¡Y eso facilita el desarrollo de lo que conocemos como la 'hipocresía de los fariseos'.

 Ese cambio, en que mudaron el sábado al domingo o primer día de la semana, es ya parte común de la costumbre tradicional en las iglesias. Los que siguen la tradición establecida en las 'Confesiones de fe', tales como la 1689, justifican la imposición de los rigores del sábado por lo ya expresado. Otros sencillamente entendemos que la reunión de la iglesia en el primer día de la semana surge no por mandamiento sino del ejemplo precedente de la iglesia primitiva apostólica luego del envío del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Se reunían todos los días, en los primeros meses, mas, siempre en el primer día de la semana, y de ahí el ejemplo modelo para la iglesia de Cristo.

 Para nosotros, es un día para adorar al Señor en el gozo y la libertad obrada por la sangre de Cristo del nuevo pacto, sin el temor de violar algún reglamento ya no existente de un pacto ya caducado. Ese día Cristo resucitó, confirmando así que Su sangre había satisfecho las demandas de la  justicia de Dios; habiendo traído la libertad que da el nuevo pacto... libertad que no existía bajo el pacto antiguo [que fue hecho 'antiguo' en Su muerte y resurrección] de los 10 mandamientos.

 Tristemente, los que observan el domingo en el contexto de un sábado riguroso bajo la ley mosaica lo hacen porque se les ha enseñado que esos 10 mandamientos 'son la eterna ley moral de Dios'. Algunas iglesias son más estrictas en su disciplina dominical que otras... más rigurosas en lo que se permite y no se permite. Nos asombra cuánta variedad existe en esta área que uno piensa debería ser igualmente observada por todas las iglesias suscritas a tales Confesiones, por tratarse, según ellos, de 'leyes eternas' que no cambian.

 Pero, así es que ocurre, y el buen observador se pregunta: ¿Por qué tanta inconsistencia?  La respuesta la escribió un pastor en su libro que trata la naturaleza del reino de Dios, vista, claro está, desde la perspectiva 'reformada'. Dice él que la implementación de los particulares queda a la discreción de la 'libertad de consciencia'.

 ¡Extraña admisión, dado el caso de que la ley mosaica no daba lugar para tal 'libertad de consciencia'! ¡Obedece... o morirás! ¿Libertad de consciencia bajo la ley mosaica? ¡Imposible! Mas, no son pocos los que quieren estar sujetados a la ley mosaica, los 10 del pacto, a la vez que ejercen su 'libertad discrecional de cristianos' en cuanto a qué pueden o no hacer durante el primer día... el domingo.

 Los 'diez mandamientos' son identificados en la Escritura inspirada como el 'pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel  en el Sinaí... ese viejo pacto que desvaneció cuando Cristo murió debido a que él la cumplió a perfección y satisfizo en todas sus demandas.  ¿Por qué es que tantos profesantes cristianos no pueden admitir con espíritu humilde que la Biblia siempre habla de los 10 mandamientos en términos de 'el pacto hecho en el Sinaí' con aquel naciente pueblo hebreo?

 Ni siquiera el arca construído por mandato de Dios, con el fin de darle albergue a ese pacto [las dos tablas de piedra], llevaba el nombre, 'arca de la ley' sino 'arca del pacto'. ¿Por qué resistir esta verdad? ¡No es otra cosa que resistir a Dios!  En aquella caja sagrada colocada en el lugar santísimo –lugar que dejó de ser 'santísimo' el mismo instante en que Dios razgó el velo de arriba abajo– no se colocó una 'eterna ley moral de Dios'. ¡No! Allí se colocaron las dos 'tablas de piedra' del 'pacto' hecho por Dios con su pueblo Israel.

 Y lo muy, pero muy triste del caso es que ésto que acabo de afirmar es considerado por cristianos y pastores, algunos de los que conozco personalmente, como una afrenta a Dios... como algo a nivel de blasfemia.  Si me dijeran que es una afrenta a la posición teológica que ellos ven en una Confesion de fe  –la que sea– la fuente escrita que reglamenta la práctica y fe de un cristiano, me declararía culpable... y cometeré esa 'afrenta' mil veces más cuando vea que la Santa Palabra de Dios es subyugada a lo escrito en un documento humano.

 Lo seguiré haciendo mientras vea a sencillos y humildes creyentes subyugados a líderes religiosos que asumen el papel de ayo disciplinario sobre ellos, marroneándoles con las tablas de piedra sin cesar, atándoles al terror de una ley ya caducada en vez de llevarles a los verdes pastos de la Palabra, alimentados por la sangre de Cristo del nuevo pacto. Lo haré siempre con amor, mansedumbre y la Verdad.
 


La Biblia siempre habla de los 10 mandamientos
en términos de 'el pacto hecho en el Sinaí'.


 Llamarle a los 10 mandamientos 'ley moral eterna de Dios' es, en efecto, decirle a Dios: "Yo no acepto el nombre dado en la Biblia a esos 10 mandamientos. Sé que se les llama el pacto, pero yo sólo acepto que son la ley moral que perdura para siempre sobre mi espíritu y la iglesia." Eso es rebeldía, aunque el rebelde no entienda cómo Dios  ve su firme resistencia a lo declarado en la Palabra. Y lo triste del caso es que quien así piensa y actúa se siente seguro y firme debido a que se fundamenta en lo que dice su 'Confesión de fe' preferida. Por tanto, aunque afirmen mil veces que sólo se someten a la Biblia, este tipo de árbol es conocido por su fruto.

 No comprender la seriedad de tal estado de cosas en un sector de la iglesia visible sólo asegura un final trágico en todos los sentidos. Si el lector encuentra estas palabras demasiado de serias o chocantes, le preguntaré, pues: ¿Cuán serio es ese estado espiritual en el que la Biblia NO ES AFIRMADA como la ÚNICA FUENTE de nuestra fe ni es LA FIEL Y EXACTA MEDIDA de la ortodoxia doctrinal que se profesa en una iglesia local, ni es la única fuente que establece esa "columna y baluarte de la Verdad"? ¿Es asunto serio, o no lo es? Todos conocemos la respuesta: Es pecado gravísimo ante Dios.

 Este estado de cosas hay que declararlo... con amor, respeto y compasión. En realidad, uno no puede permanecer callado. Es un gran deber ante Dios "contender por la fe dada a los santos", la cual, en todas las edades se pervierte de una manera u otra. No hablamos de  'contención' en el sentido de peleas, tensiones y conflictos humanos, sino "peleando la buena batalla de la fe" según las palabras de Pablo a su hijo espiritual, Timoteo [1 Timoteo 6:12].

  Muchas veces
–y da pena decirlo– los defensores de lo viejo reaccionan contra quienes hablamos la verdad como si se tratara de una batalla humana, una pelea donde hay que contra-atacar y ofender... y cerrar abruptamente la comunicación y la cordialidad. Lo vemos tan a menudo, y a la verdad que entristece el corazón ver tal resistencia a la Verdad bíblica de lo que es el nuevo pacto en la sangre de Cristo.


Es un gran deber ante Dios "contender por
la fe dada a los santos".  Judas 3; 1Timoteo 6:12


 Creemos que el conocimiento espiritual llega a través del estudio de la Verdad.  Esa Verdad se halla SÓLO en la Palabra inspirada, y ésto, ¡sin excepción alguna! Por esto, queremos abrir la puerta a un genuino balance en estas consideraciones.  Sepa el cristiano que lee estas líneas –y que no es bautista– que este documento doctrinal histórico [es decir: no inspirado de Dios] no es presentado aquí con el fin de convencerle a usted a que se "convierta" a bautista. 

 Nuestra única meta es ofrecerle un "vistazo al documento histórico" y los principios doctrinales hallados en el mismo para que usted mism@ pueda escudriñar los fundamentos bíblicos históricos de las iglesias cristianas, en lo que a Confesiones se refiere, para su propia satisfacción y crecimiento espiritual.  Y en la medida que esa meta se logre, gozosamente daremos toda la gloria a nuestro soberano Dios por tal obra de gracia.

 Los resultados que este proceso pueda provocar en su alma serán sólo por el soberano obrar de Dios en su corazón.  Bien pudiera esta Confesión de fe del 1646 proveer alguna dirección o ayuda a iglesias de Cristo que deseen confeccionar su propia 'Confesión' contemporánea, moderna, a la luz de la Palabra de Dios. Y, de alguna iglesia local escribir su propia Confesión de fe, sepa que ¡cualquier "Confesión" así desarrollada y que resuma fielmente las distintas doctrinas bíblicas creídas en una iglesia local sería tan legítima como cualquier otra "Confesión" histórica, créame! 


¡Cualquier 'Confesión' así desarrollada y que resuma fielmente las distintas doctrinas bíblicas creídas en una iglesia local sería tan legítima como cualquier otra 'Confesión' histórica, créame!

 Afirmar lo contrario sería un acto temerario –aunque aparente ser 'espiritual'– pues pretendería levantar 'ídolos escritos, tradicionales' a los cuales las iglesias y sus miembros deberán rendir pleitecía mediante obediencia y sumisión a los mismos.  Así, la 'palabra final' sería dictada por una Confesión humana y no por la Palabra eterna. ¡Y es una trágica realidad que ocurre hoy día en muchas iglesias! Y lo que es más triste aún es que quienes así creen y practican son los primeros en negarlo. Y, eso lo entendemos. Le es difícil a nuestra naturaleza caída admitir que hemos errado. Sólo la gracia de Dios puede humillarnos y llevarnos a abrazar la Verdad que antes no se nos había revelado.

 Hasta que la luz de Cristo ilumine a tal corazón, andará a ciegas, creyendo como verdad lo escrito por seres humanos falibles sin poder entender o creer lo escrito en la Palabra. Lo explicará y resolverá todo usando de su lógica humana y razonamientos falaces. Diré más, y es que estas 'Confesiones de fe' contienen, en su gran mayoría, declaraciones resumidas correctamente de muchas verdades bíblicas. Eso no se niega. Porcentualmente, las afirmaciones bíblicas de una Declaración como la del 1689 son muchas, lo más probable sobre el 90%.

 Pero, el problema no estriba en que haya un 10% o menos de contenido cuestionable a la luz de la Palabra eterna, sino en que el documento, como tal, sea recibido como autoridad doctrinal sobre las almas en las iglesias así sometidas. Aunque fuere perfecta, al 100%, en su comunicación resumida de la sana doctrina bíblica, sigue siendo un documento humano no inspirado. ¿A cual se ha de someter la iglesia de Cristo... al documento humano bien resumido, o a la Escritura divina?

 De hecho, creemos que un cuidadoso estudio del documento en su totalidad le convencerá de que, más que ser un documento histórico bautista, es sencillamente un buen resumen de las más básicas doctrinas de la verdad enseñada en la Biblia.  Y entendemos que tal resumen de las verdades bíblicas bien pudo haber sido preparado por cualquier otro grupo de genuinos cristianos... sólo que en esta ocasión se trató de siete iglesias bautistas que querían afirmar públicamente y por escrito las verdades que en su día ellos afirmaban ser 'la verdad de la Palabra'. 

 No fue para ellos la 'creación de un documento con plena autoridad' sobre sus almas ni, mucho menos, un intento de proveerle a futuras generaciones una 'gran confesión de fe del pasado' a la cual podrían rendir pleitecía y sumisión, sino un 'resumen actualizado de sus convicciones' tocantes a las doctrinas básicas de la Palabra de Dios a la cual ellos se sometían como la única 'autoridad sobre sus almas'. Fue su testimonio al mundo pecador que les rodeaba de los detalles de su fe cristiana.

 A continuación insertamos una traducción de una breve anécdota de interés sobre este tema de la 'autoridad sobre el alma' de documentos que no sean la Palabra de Dios. Además de tratarse de un incidente histórico, es muy incisivo sobre este tema... algo que nos debe poner a pensar un tanto sobre lo que estamos compartiendo con el lector. El texto de esta introducción continuará más abajo, en este mismo color.


Mientras leía  una revista cristiana que recibo con regularidad, 'Sound of Grace' [Sonido de Gracia], me topé con una cita de una autobiografía de Benjamín Franklin, famoso inventor del siglo 18 y firmante de la Declaración de Independencia de los EE.UU. en el 1776, y cuya semblanza está en los 'billetes' de $100.

Escribió él de un tal Michael Welfare, amigo suyo y uno de los fundadores de una secta conocida como los 'Dunkers'   [Sumergidores o Bautizadores]. Narra Franklin que su amigo, Welfare, se quejaba de los fanáticos de otras persuasiones religiosas y las mentiras que diseminaban en contra de los 'Dunkers'.

Franklin le sugirió que, tal vez, podrían evitar tal calumnia si pusieran por escrito sus creencias y las reglas de su disciplina religiosa. Welfare le respondió que, de hecho, tal tipo de acción se había discutido entre los miembros de ese grupo y que había sido rechazada. Entonces le dijo cuál había sido el razonamiento de los Dunkers. Explicó que...

"Cuando por vez primera nos unimos como una sociedad, a Dios le plació iluminarnos como para entender que algunas doctrinas que habíamos creído como verdad no eran más que error y otras doctrinas que habíamos visto como error, llegamos a entender que eran, en efecto, verdad.

"De vez en cuando a Dios le ha placido darnos más luz, y nuestros preceptos han ido mejorando y nuestros errores disminuyendo. Ahora bien, no estamos seguros de que ya  hayamos llegado al máximo de dicho crecimiento y a la perfección espiritual y conocimiento teológico. Tememos, pues, que pudiéramos sentirnos atados y confinados a lo ya aprendido, no dispuestos a recibir mayor crecimiento y mejoramiento; y más aún, pensamos en nuestros sucesores quienes pudieran concebir que lo que nosotros, sus padres y fundadores, habríamos escrito fuera tenido como algo tan sagrado como para nunca apartarse de ello."


Pensamos en nuestros sucesores quienes pudieran concebir que lo que nosotros, sus padres y fundadores, habríamos escrito
fuera tenido como algo tan sagrado
como para nunca apartarse de ello.


En su autobiografía, Franklin describió tales palabras como una singular instancia –en la historia humana– de modestia tal en una secta. Termina el editor de la revista señalando que los 'Dunkers' casi formularon un 'mandamiento' para reglamentar la disertación religiosa, a saber: 'No pondrás por escrito tus preceptos, y mucho menos los imprimirás, a no ser que quedes atrapado por ellos para siempre'. [el énfasis con subrayado es nuestro]

  Nuestro comentario: Aunque no estemos de acuerdo al 100% con el concepto de no poner por escrito en forma resumida las creencias bíblicas de una iglesia local,  lo que expresó el Sr. Welfare es una trágica realidad, tal como lo estamos señalando en esta introducción a 'Confesiones'. Lo que él le dijo a Benjamín Franklin, sobre el peligro de poner por escrito lo que se cree, ha venido a ser la terrible actualidad de muchas iglesias que, aunque afirman hasta por escrito que la Biblia es la autoridad suprema entre ellos, la realidad es que lo escrito en una Confesión de fe tiene más peso a la hora de inculcar preceptos doctrinales en las mentes y corazones de las ovejas. Seguimos ahora con la introducción a 'Confesiones'...

 Nunca debemos olvidar que la verdad de Dios revelada en su Palabra no es de carácter denominacional; es divina.  Por eso, si una iglesia local gusta identificarse como 'confesional', que sea su verdadera y autoritativa 'Confesión' la Palabra de Dios... no un conjunto resumido, aunque de la manera más breve, llamado 'Confesión de Fe'. Ese 'resumen', esa 'Confesión', será influenciada por nuestra humanidad y pecado que aún inciden en nuestras mentes y espíritus. 


Si una iglesia local gusta identificarse como
'confesional', que sea su verdadera y autoritativa 'Confesión' la Palabra de Dios.

 Por esta razón, la Palabra de Dios ha de ser la única, consistente fuente de verdad a la que venimos para beber agua de vida;  no a los postulados de un documento humano sino de manera directa a la Palabra eterna.  Si una 'Confesión de Fe' nos ayuda a resumir lo que en ese momento creemos ser la verdad de la Palabra, bien sea. Esa es su razón de ser. Mas, el momento en que una 'Confesión' [la que sea] se convierta en el documento rector de nuestra fe y práctica, estamos en grave peligro; habremos sustituído en el lugar de la autoridad plena de la Biblia la autoridad de documentos humanos, no importa que así lo admitamos o no, lo comprendamos o no. Y por lo general, quien así hace no lo admite.  Esa ha sido nuestra triste observación de muchos años, por lo que no hablamos sin conocer lo que hemos visto y seguimos viendo.

 Esto es tan básico, sencillo y claro que nos sorprende que tantas almas no lo comprendan. O la Biblia es la ÚNICA fuente de autoridad sobre el alma, o no es. Si dejéremos: "Pero, yo acepto lo que dice la Biblia... claro que sí... ahora bien, según lo explica mi Confesión."  Mi amigo, amiga, hermano o hermana, tales palabras revelan que aún no ha comprendido que su consciencia y espíritu están sujetados a un resumen humano de la Biblia y no a la Biblia misma. ¿Qué mejor ejemplo que lo ya dicho sobre la supuesta 'eterna ley moral de Dios'? Insistir en que esa es una verdad bíblica comprueba lo afirmado, ya que la Biblia no nos enseña ni impone una tal llamada 'ley moral'. Es una creación humana, teológica, bien intencionada, seguramente, pero, de creación humana.

 Además, una 'Confesión',  por ser un documento ya publicado de años, puede limitar seriamente el proceso de crecimiento espiritual en la enseñanza dinámica, inspirada, cotidiana de la Palabra de Dios, según vimos arriba en la cita de la auto-biografía de Benjamín Franklin.

 Considere ésto: un documento humano –no importa las espirituales intenciones de sus forjadores– sólo reflejará las convicciones de sus autores en ese momento particular de su historia natural. Si, luego, Dios concediera más entendimiento y luz a futuras generaciones en algunas de las áreas de doctrina consagradas en dicho documento, les sería necesario afirmar ese nuevo y más certero entendimiento, echando a un lado lo que, mediante la espiritual instrucción del Espíritu de Dios, se ha llegado a conocer por lo que es, a saber: ¡error! No sería tal acción el 'cuestionar la sinceridad e integridad espiritual de los autores' sino sólo admitir que: "hemos crecido en el conocimiento de la Palabra de Dios".


"Hemos crecido en el conocimiento
de la Palabra de Dios
"

 Conocemos a cristianos que estiman tan "sacrosanta" una particular 'Confesión de fe' que se les dificulta el poder aceptar que sea sólo eso: un documento humano sujeto a escrutinio ante la luz de la Biblia.  Ellos afirman que dicha 'Confesión' provee 'continuidad y estabilidad espiritual a la iglesia'.  Son palabras reveladoras de un estado espiritual en grave peligro... como un bote a la deriva en las aguas vanas del sectarismo humano. 

 Si la Biblia, y solamente ella, es la fuente de mi fe, todo cambio que ocurra en mi conocimiento de élla será porque Dios me ha seguido dando luz y entendimiento.  No será necesario cambiarla o editarla para atemperarla a la "verdad aprendida" que ahora es nueva para mí, pues, esa Palabra de Dios es perfecta, es Verdad eterna... no cambia. Quien cambió fui yo... fue mi entendimiento; pues, Dios me iluminó el alma para conocer su Verdad con mayor claridad y certeza. Su Verdad siempre fue Verdad perfecta y así seguirá eternamente; no cambia. ¿Es ésta una declaración aberrada o sospechosa como para ser catalogada como rebeldía a Dios o cosa similar? Claro que no.


La Verdad de Dios siempre fue Verdad perfecta
y así seguirá eternamente; no cambia.

 Sin embargo, cuando se pretende mantener en un sitial de autoridad espiritual e histórica a un documento humano escrito por pecadores –aunque sean salvos por la gracia de Dios– dicho documento adquiere una pseuda–autoridad inherente que rige los corazones de sus adeptos y, en efecto, llega a sustituir la única y exclusiva autoridad de Dios sobre sus hijos a través de la obra de su Espíritu por medio de su Palabra, el único documento con autoridad sobre el alma. Además, si Dios les concede luz del conocimiento de su Palabra que les muestre que hay error en su 'confesión', o la tendrán que modificar –lo que mostrará la inherente imperfección del documento– o rechazarán la luz de la Biblia para así ajustarse 'fiel y consistemente' a los postulados de 'su confesión', errada o no. Tal curso de acción es muy peligroso. Sus consecuencias son de carácter eterno.

 Y, me temo que he visto en mi entorno –con gran pesar en mi alma– ejemplos vivos de tal 'fidelidad equivocada, mal colocada'. Y ahí no faltará la hipocresía que tan fácilmente engañará a los seguidores crédulos [significa que creen, sin cuestionar, cualquier cosa que su maestro les enseñe como 'la verdad'] hasta aquel momento en que se destape la vana superfluidad de esa supuesta vida espiritual. Si el maestro vive engañado, sólo podrá enseñar engaño a sus oyentes, no importa cuán sinceramente piense que está enseñándoles gloriosas verdades bíblicas.


Si el maestro vive engañado,
sólo podrá enseñar engaño a sus oyentes,
no importa cuán sinceramente piense
que está enseñando gloriosas verdades.

 Es muy fácil cometer el error de decir –y conozco a quien así lo ha dicho a mi cara– "Ya yo estoy firme en lo que creo, y nada que vaya a leer o estudiar ahora va a cambiar lo que hoy creo ser la verdad".  Son éstas palabras asombrosas, en realidad, temerarias y arrogantes, pues desafían toda futura posibilidad de crecimiento en el conocimiento de la Palabra.  Y esto ocurre cuando elevamos al sitial de 'intocable y suprema autoridad' aquello que estudiamos en el seminario, leímos en libros o afirmamos como la 'Confesión' con autoridad sobre nuestra fe y práctica... la Confesión que 'establece y asegura mi ortodoxia'.

 Oiga bien lo dicho; No es que conscientemente digan y afirmen por escrito: "Nuestra Confesión tiene autoridad sobre nosotros", o algo semejante. ¡No! Se trata de que la Biblia es proclamada como la autoridad suprema sobre su fe [hasta ahí, todo bien] a la vez que algunas de las dogmas enseñadas con gran empeño y fuerza no surgen de esa Biblia sino de los documentos humanos, sean cuales fueren.

 ¿Cómo podemos saber si una 'Confesión' –sea cual sea– ocupa, en lugar de la Biblia, el sitial de 'autoridad sobre el alma'?   Es muy fácil. Cuando un cristiano siente y expresa una convicción honesta sobre algo que la Biblia enseña –algo que ha estado escudriñando con corazón abierto y sincero–  y recibe de su 'maestro o guía espiritual [entiéndase pastor]' una respuesta similar a ésta: "Pero, mi hno., mi hna., usted sabe que la CONFESION se expresa sobre eso de tal o cual manera...", allí, la 'Confesión' tiene la palabra final... es la fuente que dicta lo que afirman es 'enseñanza bíblica'.  ¡Punto! ¡Ni más, ni menos!

 Y si la respuesta fuere: "...Sobre este particular el 'teólogo fulano' o el 'puritano sutano' ha escrito así y así... cosa que nosotros suscribimos..." etc., etc., es lo mismo. Conozco muchas almas que han escuchado tales palabras de sus pastores o líderes religiosos. Pregunto, pues, a cada maestro y ministro, incluyéndome a mí: ¿De quién somos ministros? ¿De Cristo y Su Palabra santa, o de los falibles autores y escritos humanos?


¿De quién somos ministros? ¿De Cristo y Su Palabra santa, o de los falibles autores y escritos humanos?

 Ejemplo de lo dicho sería que un cristiano se acerque a su pastor o maestro bíblico y le pregunte: "Pastor, explíqueme qué es la 'ley moral' de Dios de la cual Ud. predica". Tome nota de la[s] fuente[s] a las que le llevará para convencerle a Ud. de la existencia de dicha 'ley moral'. Considere con gran seriedad si esas fuentes son 'escritos de hombres' o si es la Biblia. Si  la respuesta apunta hacia cualquier documento que no sea la Biblia, y sólo élla, queda comprobado que ese pastor se ajusta a lo enseñado en dicho documento, sea cual sea.

 Le anticipo que una respuesta a tal pregunta NO apuntará a las Escrituras como la fuente de tal dogma debido a que allí no está. Ningún líder o pastor así inclinado le dirá la verdad: "Mira, eso no está en la Biblia. Lo creemos porque está en la Confesión 'X'". A lo más que llegará algún pastor o maestro será a una afirmación de que es bíblica tal 'doctrina', pero que queda claramente expuesta y explicada en tal o cual libro o 'Confesión de fe' [¡de origen humano!].

 ¡La palabra final en la controversia se habrá depositado en hombres no inspirados, sustituyendo así la autoridad de Dios! ¿Se nos ha olvidado tan fácilmente la Palabra divina que afirma que "todo hombre sea mentiroso, mas Dios verdadero"? ¡Y tan fácil que sería -además de honesto- responderle a quien pregunte así: "Veamos qué dice la Palabra sobre ese particular en tal y cual texto! Vayamos a la Fuente de toda Verdad". ¡Cuan refrescante sería escuchar tal honestidad espiritual e intelectual de todos cuantos ocupamos los púlpitos pastorales!

 Cabe señalar que la 'Confesión' aquí mencionada –la del 1689– tiene como una de sus primeras declaraciones que el "veredicto de la fe" descansa, por la obra del Espíritu de Dios, sólo en las Escrituras.  En este aspecto, el texto de dicha 'Confesión' se autolimita perfectamente al decir que sólo la Palabra de Dios es la fuente autoritativa de nuestra fe.  Somos los hombres los que le atribuímos, erradamente, una autoridad y un peso a los documentos humanos fuera de proporción  –muchas veces, creo, sin darnos cuenta de lo que hacemos– especialmente cuando expresamos algún concepto doctrinal / práctico que nos gusta o  que quisiéramos perpetuar entre los creyentes... esas ovejas del rebaño bajo nuestro cuido pastoral,  no importa que otros creyentes puedan mostrarnos o tal vez ya nos han mostrado con genuino amor cristiano que, en algunos particulares, tal o cual Confesión refleja ideas teológicas propias de sus autores aunque muy contrarias a la clara enseñanza bíblica.


Somos los hombres los que atribuímos,
erradamente, una autoridad, un peso fuera
de proporción a los documentos humanos

 Hace pocos meses le ocurrió a este servidor que una iglesia, que por muchos años nos había apoyado de manera fiel y abundante, nos preguntó cuál era nuestro sentir hacia la 'Confesión de Fe de 1689'. Sabiendo que el interés de ellos [en realidad, de su pastor] estaba en el tema de los pactos, a saber, el 'antiguo o pacto eterno' vs. el 'pacto nuevo', en mi respuesta a ellos afirmé creer y practicar en nuestro ministerio evangélizador la verdad encerrada en las palabras de Cristo durante la última pascua, cuando dijo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre" [Lucas 22:20], así como las palabras de Pablo a los corintios, cuando les dijo que "Dios nos 'capacitó como ministros de un nuevo pacto', no de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata, pero el espíritu vivifica" [2 Corintios 3:6].  ¡Sólo eso respondí en cuanto a una respuesta explicativa se refería... nada más! Dios es mi testigo en ésto que les comparto.

 Sólo afirmé creer en la verdad de esas palabras pronunciadas por Cristo y por su apóstol, Pablo. ¿Acaso no es eso 'creer en la Escritura, la Palabra de Dios, y ponerla en práctica'?  ¿Por qué, pues, no vieron mi respuesta con buenos ojos?  Porque mis palabras afirmaban una verdad que sólo tiene validez sobre el fundamento del nuevo pacto establecido por Cristo.  Ellos ven en la 'Confesión de 1689' una voz de autoridad espiritual que promueve el pacto antiguo [para ellos eterno] –aunque ya caducado [vea nota más abajo sobre el significado de 'caducado']como 'ley' sobre el cristiano de hoy, la supuesta 'ley moral' de la cual la Biblia jamás nos habla. 


Mis palabras afirmaban una verdad
que sólo tiene validez sobre el fundamento
del
nuevo pacto establecido por Cristo.

 Ellos vinieron a envolverse [bajo la dirección de ese nuevo y joven pastor] en una asociación de iglesias que exige que sus iglesias miembros sean fieles creyentes, seguidores y promotores de la Confesión de 1689. Esta no ha sido la única iglesia que nos ha retirado su apoyo espiritual y provisión material debido a tales razones doctrinales. Tal parece que no recuerdan ni les preocupa que el día llegará en que darán cuenta a Dios, aun por quitarle el sustento a quienes fielmente sirven al Cristo del nuevo pacto obrado en Su sangre. Eso es dar piedras en vez de pan a comer. Pero, el 'vivo celo' de ellos por la Confesión los ciega de manera asombrosa.

 Es incomprensible lo que ocurre. ¡De veras que da lástima! Y han sido casos en donde la iglesia nos conocía y apoyaba durante muchos años, pero, bajo la dirección de un nuevo pastor se han unido a grupos de iglesias que aparentan estar bien en cuanto a la gracia, pero que, en el fondo, son apoyadores de la fe cristiana según se refleja en una muy específica Confesión de fe, la del 1689. Y para conservar su apoyo, requieren que uno cambie las convicciones personales por las que ellos dicen ser la verdad. ¡Todo por sujetar a los hijos de Dios a esas dichosas Confesiones! Es una tragedia. Mas, uno halla consuelo en saber que Dios no dejará a los suyos aun cuando otros de los 'suyos' se comporten así.

 Su nueva postura confligía con mi afirmación a tono con las palabras ya citadas de Cristo y Pablo, pues esas palabras hablan del nuevo pacto.  Era cuestión de yo dejar atrás lo que el Espíritu de Dios me enseñó en Su Palabra, abrazándome a ese documento humano que años antes traduje al español, o perder nuestro apoyo financiero de muchos años [la pérdida también afectó a un grupo de estudiantes becados en un Colegio cristiano en la vecina República Dominicana a quienes serví como instrumento de sustento de parte de Dios].

 Escogí ser fiel a la Palabra... perdímos esa vital ayuda... esos niños perdieron su beca de estudios... mas, ganamos el favor y la bendición de Dios... ¡sin duda!  Sólo puedo pedirle a Dios que tenga misericordia de los tales, pues no saben lo que han hecho ni lo que hacen. Su errada filosofía es: 'Diga que se somete a la 'Confesión de 1689' y seguiremos apoyándole'. Cierto, aunque difícil de creer que verdaderos cristianos actúen así contra otros creyentes, siervos del Dios Altísimo..

 Es un triste día cuando iglesias llamadas cristianas, reformadas, bautistas, etc., exigen que los misioneros que apoyan se sometan, junto a ellos, a otra fuente escrita que no sea la Palabra inspirada de Dios. Lo hacen por aquello de que debe haber consistencia entre lo creído por una iglesia local y los misioneros que apoya. Tiene lógica... tiene sentido común, claro. Pero, con esa acción mostraron que les importaba más la 'bendita consistencia' en la sumisión a una Confesión humana que el querer aprender lo que la Biblia enseña sobre el particular. Igual nos ha ocurrido con otras iglesias de reciente persuasión similar. Su estandarte es un documento humano, y echan fuera a otros cristianos que escogen someterse sólo a la Palabra. ¡Ese es nuestro delito! ¡Trágico!


Importaba más la sumisión a una
Confesión humana que el querer
aprender lo que la Biblia enseña.

 Lo curioso del caso es que los anteriores pastores me conocían, y estaban en total acuerdo con nuestras convicciones, ya que eran también las de ellos. El cambio lo trajo un nuevo pastor quien pudo persuadirlos a un camino distinto al que llevaban. ¡Todo por someterse a 'Confesiones de fe'! Todo por complacer a la junta directora de esa asociación de iglesias que ve en la '1689' su estandarte de la Verdad!

 Es una trágica realidad de nuestros tiempos, y no son pocos los que están atrapados en este tipo de pensamiento y acción. Siempre oro por aquel joven pastor; sé que Dios sigue siendo fiel, misericordioso y perdonador. Nunca me preguntó de mi sujeción a la Palabra de Dios. Tal parecía que no le importaba ese detalle. Era la impresión que daba. Su interés primario guardaba relación con una 'Confesión de fe', la del 1689. No les interesaba saber si me sometía a la Biblia... ¡sólo si me sometía a la 1689! Era más importante para ellos que yo me declarara sujeto y obediente a un documento teológico escrito en el siglo 16 que a la Biblia inspirada, escrita mucho antes. Y no somos los únicos que hemos sufrido así por causa de nuestra sujeción primaria a la Palabra.

 Dicho pastor me aseguró que volvería a considerar el libro de Gálatas luego de que le señalara que sus palabras escritas, en el sentido de que "la ley ES nuestro ayo", no son compatibles con el testimonio bíblico que dice: "La ley FUE nuestro ayo para llevarnos a Cristo". Le insistí que  'ES' y 'FUE' no son iguales ni similares... son contrarios. Admitió tener dudas sobre ese particular ya que no se había dado cuenta sino hasta que lo mencioné en una carta de respuesta. ¡Aleluya! Es penoso ver a un cristiano escribir y publicar un tema bíblico cuyos textos claves, por su propia admisión, contenían términos que no había visto y mucho menos entendido.

 Aún queda esperanza para los tales. ¡Todo ésto por estar sujetados a doctrinas de hombres que aseguran ser los únicos intérpretes de lo que dice la Biblia! Prefiero contar siempre con mi Perfecto Intérprete: el Espíritu de Cristo. ¡Jehová Jiré! No temeré lo que me haga el hombre. Mi Ayuda y Fortaleza es el Señor de señores.

 He dado este ejemplo, pues, con el único fin de hacerle ver al lector lo que ocurre cuando la 'fe profesada' tiene como ancla un documento humano, por bueno que haya sido o siga siendo.  Cuando la Palabra de Dios es la autoridad final en asuntos de doctrina, todas las 'Confesiones' se examinarán a la luz de la Palabra, y no la Palabra a la luz de las 'Confesiones'.  Repito –en principio– algo ya señalado con otras palabras, a saber:  El fallo no está tanto en las 'Confesiones' [aunque sí tienen fallas y errores] como en los humanos que las elevan a un lugar de autoridad en la iglesia, aun contradiciendo claras afirmaciones en las mismas Confesiones en el sentido de que sólo la Escritura es la autoridad final de Dios en todo. ¡Es evidente que decirlo y practicarlo son dos cosas muy distintas entre sí! ¡Sin duda!


Cuando la Palabra de Dios es la autoridad final
en asuntos de doctrina, todas las 'Confesiones'
se examinarán a la luz de la Palabra.

 Es más, declaramos, sin temor alguno, que el momento en que una iglesia o cristiano en particular se aferre, primero, a lo que expresa un documento de origen humano antes que a lo que la Biblia enseña, ahí se apartó de las Escrituras.  Obviamente, hablamos de situaciones en que hay discrepancia entre lo declarado en el documento humano y lo afirmado en la Biblia. Como quiera que sea, aunque una Confesión llegara a ser 100% fiel a la Palabra, nunca llegaría a ser Autoridad, pues hay una sola: la Escritura inspirada.

 Vivimos en días peligrosos en los que hay hermanos cristianos que quieren predicar el evangelio de Cristo, el evangelio de la gracia de Dios –por esa parte nos alegramos– mas, dentro del contexto de la plena autoridad sobre el alma de versiones específicas de 'Confesiones de Fe' que perpetúan la ley mosaica como eterna, aunque sea en parte

 Sin embargo, ¡resulta asombroso que haya cristianos que crean sinceramente que se puede propagar el 'evangelio de la gracia' dentro del contexto de una Confesión que perpetúa el 'pacto de ley', las 'tablas de piedra' o 'tablas del pacto' según describe la Santa Palabra. Insisten en que predicarán el pacto antiguo [para ellos, el pacto eterno... los 10 mandamientos] como el instrumento espiritual que llevará a los pecadores a Cristo, convencidos de que hacen bien debido a que no han comprendido que Quien convence el corazón es el Espíritu de Dios mediante la Palabra de Cristo, y NO el Espíritu de Dios mediante lo escrito en libros, ensayos o 'Confesiones de fe'.


Quien convence el corazón es el Espíritu
de Dios mediante la Palabra de Cristo.

 No es tanto el aspecto de cuál Confesión profesen ser el resumen de su fe, sino la perspectiva teológica que dicho documento humano da por sentada como fundamento de la iglesia de Cristo. Si examina con gran cuidado los postulados de una Confesión 'histórica' de otros creyentes, podrá saber si afirman que la iglesia descansa sobre el nuevo pacto que Cristo obró en Su sangre o si revela su posición como una que da lugar a la continuación en la iglesia de elementos legítimos sólo bajo el viejo pacto en tablas de piedra, también conocida como la ley mosaica.

 Si ve referencias al 'día del Señor' y 'la ley moral de Dios' [dadas por sentadas] es probable que no hallará declaración de que el nuevo pacto en Cristo sea fundamento de la iglesia debido a que el modelo teológico allí expuesto sigue lo que se conoce como 'la teología del pacto', muy distinto a 'la teología del nuevo pacto'. Esa teología necesita del 'pacto eterno' porque no tiene cabida para un nuevo pacto en la sangre de Cristo que sustituyó por completo al pacto sinaítico.

 Ahí, otra vez, la importancia de una Confesión o declaración de preceptos creídos en una iglesia: nos informa qué lugar tiene, si alguno, el nuevo pacto de Cristo en su  fe y práctica. Nos informa; nos ayuda a decidir... ¡pero hasta ahí llegó, nada más hasta ahí!


Una Confesión... nos informa qué lugar tiene,
si alguno, el nuevo pacto de Cristo
en su  fe y práctica.


 Hay iglesias que afirman públicamente que siguen el nuevo pacto, mas, si se examina la doctrina que predican y practican, uno se dará cuenta de que realmente no funcionan bajo ese nuevo pacto sino bajo el modelo de interpretación teológica que le atribuye al nuevo pacto ser no más que una nueva administración bajo Cristo de un supuesto pacto eterno o 'pacto de gracia', el cual aseguran comenzó en el huerto del Edén. Y eso no es funcionar como iglesia bajo el nuevo pacto, sino sólo tener un nombre que incluye el término bíblico, 'nuevo pacto'.

 Así cualquiera es engañado. Se podrá llamar blanco a lo que es negro y vice-versa y engañar, así, a otra persona. Mas, el que una iglesia tome los términos 'nuevo pacto' como parte de su nombre sin serlo, eso no puede ser muy agradable ante Dios. Por sus doctrinas... sus frutos... los conocerán.  A Dios nadie lo puede burlar.

 Ya que nombramos el huerto del Edén y la supuesta relación que tiene con un pacto del nombre señalado en el párrafo anterior, creo que es de importancia y gran valor, aunque sea breve, señalar lo siguiente sobre ese tema. A través de los años hemos leído cómo algunos arguyen que Dios hizo un pacto en el huerto del Edén, específicamente con Adán. A ese tal pacto le llaman 'el pacto eterno' o 'el pacto de gracia'. De ahí llegan a conclusiones que descartan los 10 mandamientos como un pacto de ley severa que mostraba el pecado y 'mataba', [como escribió Pablo] viéndolo más bien como un pacto de gracia para, entonces, ver el 'nuevo pacto' no como uno nuevo sino una 'nueva administración' de ese supuesto pacto de gracia o eterno establecido en el Edén. ¡Todo un esquema fraudulento ingeniado por el pecado del humano!

 Sin entrar en los múltiples errores bíblicos de tal interpretación, sólo queremos indicar que el 'texto base' para esta tesis es Génesis 3:15, que dice: "Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar." Enseña esa posición interpretativa que la afirmación, de parte de Dios, de que "la simiente de la mujer heriría en la cabeza a la serpiente" fue un pacto eterno o de gracia con Adán... así mismo lo hemos leído en escritos que siguen la teología del pacto [eterno].

 De que esas palabras de Dios se refieran a la realidad de que, en Su plan eterno, el Mesías, Cristo, vendría, moriría y obtendría la victoria sobre el Diablo no hay la más mínima duda. En ese sentido, fue una palabra profética que miraba hacia la venida del Mesías. Pero, de ahí a decir que fue un pacto con Adán hay que andar gran trecho, ya que esas palabras fueron pronunciadas por Dios a la serpiente: ¡no a Adán!

 Dios tuvo palabra condenatoria para los tres personajes envueltos en ese primer incidente de pecado en la creación que, hasta ese momento, había transcurrido en santidad y perfección.

1. A la mujer le aseguró que pariría con dolor.
2. Al hombre, Adán, le dijo que comería de la tierra con dolor, que con su sudor trabajaría y que volvería al polvo [muerte]. También le dijo que la tierra sería maldita por causa de su pecado [de Adán].
3. Finalmente, a la serpiente [Satán] le pronunció su futura y final derrota por la simiente de la mujer [Cristo].

 Por tanto, 'establecer un pacto eterno' con Adán en base a palabras dichas por Dios a la serpiente realmente no nos parece tener base alguna en la Palabra de Dios. Sin duda son muchos los que creen estas cosas; sólo Dios podrá abrirles el corazón y el entendimiento para llegar a conocer la Verdad.  Sólo Dios podrá abrir el corazón para entender que, con esas palabras, él no hizo un pacto con Adán ni con la Serpiente antigua... fue una palabra de maldición a la Serpiente.

 Sigamos, pues, con el tema de los que procuran evangelizar mediante la diseminación de documentos humanos cuyo énfasis recae sobre un antiguo pacto ya cumplido y quitado por el Señor Jesucristo..

 Salen en viajes misioneros y hacen alarde de que repartirán tantas y cuántas 'Confesiones de fe' a los pastores a quienes visitarán.¿Es que ir a evangelizar sólo con la Biblia en el corazón y en la mano es algo de rechazar... algo vergonzoso... algo que nos delate como incompetentes? Tal vez los que así hacen no comprenden lo que dicen y, sin duda, el motivo debe ser uno bueno. Pero, si así fuere, entonces Pablo fue un incompetente de primera categoría, pues, él sólo predicaba el evangelio del nuevo pacto. Y en caso de que alguien sugiriese que él no enseñaba tales documentos porque no existían, respondería sin titubeo alguno que, no dudo que de haber existido 'Confesiones' en aquellos tiempos, los hubiera "tenido como basura o estiércol por ganar a Cristo".

 Sería bueno recordar que en un momento dado, Pablo le pidió a Timoteo que le trajera, desde Troas, su capote, sus pergaminos y libros [2 Timoteo 4:13]. Era un hombre letrado, pero su vida, predicación y epístolas siempre eran 'Cristo y nada más que la Palabra de Cristo'. No creo que esos escritos [con la excepción de que algún pergamino fuera copia de la Escritura conocida hasta ese momento... lo que hoy conocemos como los libros del Antiguo Testamento] fueran para nutrir su predicación o afirmar su fe.  Él descansaba sólo en lo que Cristo le reveló por el Espíritu Santo.


Era un hombre letrado, pero su predicación y
epístolas siempre eran 'Cristo y nada más
que la Palabra de Cristo'.

 ¿Qué semilla quiero dejar en la tierra que yo visité... en las tierras donde me escuchan cada día en nuestros programas radiales?  ¿Lo mucho que yo pudiera saber o mis posibles citas de autores del pasado cuyos libros abundan en mi biblioteca personal? [cosa que no hago por temor a Dios] ¿El dominio que yo pueda tener de tal o cual 'Confesión de fe', sea la del 1689, 1646, la Westminster, etc., etc.? Le diré con profunda sinceridad y humildad y no para jactarme, que: a mí sólo me interesa regar la semilla de la Palabra de Dios.

 Aparte de ella Dios no obrará nueva vida en corazones muertos. Aparte de ella no hay esperanza para el que vive sin Dios. La única semilla que Dios honra es Su santa Palabra. ¡Cuán hermosos son los pies que llevan esa preciosa semilla de la Palabra de Dios a los confines del mundo!

 Despierta, mi hermano, tú que te precias por tus conocimientos teológicos, por tu dominio y maestría en la comunicación de cualquier 'Confesión de fe'. Toda tu obra será en vano si no te dedicas 100% a llevar la Palabra de Cristo sola, sin las Confesiones, los libros y sin tus autores y 'líderes eclesiásticos legítimos' predilectos. Te reto a llevar sólo a Cristo y verás la bendición de Dios Que tu sola arma sea la Espada divina; ella es suficiente para la obra completa de salvación y santificación.


Que tu sola arma sea la Espada divina;
ella es
suficiente para la obra completa
de salvación y santificación.


 Con mucho amor también te diré:  Si consideras que no puedes o no debes predicar sólo de la Biblia, sino fundamentar tus muchos argumentos de enseñanza en fuentes externas a la Palabra eterna –como lo son todos los autores, teólogos, comentaristas o 'Confesiones de fe'– te sugiero que medites seriamente en el llamado divino que profesas tener de parte de Dios. ¿Tal vez servirías mejor al Señor en otra profesión? ¡Medítalo! Es asunto muy serio con consecuencias eternas.

 Tal vez puedas ser un buen profesor de teología en un seminario o colegio bíblico. El legítimo siervo de Dios sólo ocupará el 'púlpito' para proclamar la Palabre divina, y nada más que ella. Nunca olvidemos que hay un día de juicio por delante. ¿Que le diremos al Juez de toda la tierra: 'Procuré ser, a pesar de mis flaquezas, un fiel mensajero de tu Palabra'... o,  'Hice lo máximo por comunicar  a mis oyentes toda la sabiduría de tus siervos del pasado, y logré fundamentarlos en esas tan excelentes 'Confesiones de fe' del pasado... Fui un fiel eco de la historia? La opción primera es la única que tiene valor alguno ante Dios. La segunda sólo traerá vergüenza al Señor, y sólo él sabrá qué castigo sobre ti. Esto no es juego... es cosa seria. Es ante Dios que servimos, y la única opción es ser fiel en la proclamación de Su santa Palabra.

 Un legítimo profeta de Dios se distingue por ser un comunicador fiel de la Palabra de Dios tal como está escrita en la santa Biblia, sin adornos y añadiduras humanas. La Verdad de Dios sólo es Verdad porque la Biblia la declara y no porque tus admirados antepasados la creyeron, predicaron o escribieron en libros y confesiones. Podrás escribir tu mensaje con el fin de leerlo, o podrás predicar de forma espontánea, o sencillamente podrás estar en una situación donde urge una respuesta inmediata a la fe que profesas.


La Verdad de Dios sólo es Verdad porque
la Biblia la declara y no porque tus
admirados antepasados la creyeron.


  Si ese mensaje o respuesta comunica sólo lo que Dios habló, contarás con el favor de Dios.  Pero si ese mensaje se nutre de fuentes que no sean la Palabra, sea cual sea el fin buscado, no estarás llevando la Palabra eterna a los oyentes... sólo lo que otros predicaron de la Biblia. Ruego que consideres estas palabras con gran seriedad, mi hermano en Cristo que eres maestro o pastor.  Te las hablo con el más profundo respeto por ti así como celo por la santa Palabra de Dios. Me las hablo a mí mismo primero.

 Es una dicotomía la noción de que el evangelio se lleva en el contexto de las Confesiones o de la ley del pacto antiguo.  El evangelio de la gracia entra al corazón y se perfecciona allí por la obra del Espíritu de Dios, no por los esfuerzos carnales bajo la ley del pacto antiguo, los diez mandamientos, no importa que los nombren con términos no bíblicos tales como 'pacto de gracia' o 'pacto eterno'.  Afirmar lo contrario es negar la razón de ser de la epístola de Pablo a los cristianos en Galacia... y la de Hebreos.


"¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado
por el Espíritu, ahora váis a terminar
por la carne?".  Gálatas 3:3

 Estudie con gran seriedad la epístola de Gálatas.  Medite en el capítulo 3:3 que dice: "¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora váis a terminar por la carne?" ['carne' se refiere al intento de agradar a Dios mediante la obediencia de cualesquiera de los requerimientos del ya caducado pacto antiguo, las diez palabras o mandamientos, la circuncisión, observación de días –lo que incluye el sábado, y otros].


Caducado [caducar]: 2. "Perder su fuerza una ley, testamento, contrato, etc.  3. Extinguirse un derecho, una facultad, una instancia o recurso.  4. Arruinarse o acabarse alguna cosa por antigua o gastada. [Real Academia Española, Ed. 1992, 2002]

Desvanecer: 3. "Deshacer, anular" [RAE, et.al.]  Nos dice Hebreos 8:13... " Diciendo, nuevo pacto, dio por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse."  volver arriba ]

 Hebreos 8:8-12 es una cita de Jeremías 31:31-34, palabra profética dada en el 600 A.C.+/- que anticipaba la llegada del nuevo pacto que Dios prometió a su pueblo. Y, por inspiración divina, el autor de Hebreos, Pablo, señala que, en el momento de prometerse ese 'nuevo pacto' unos 600+ años antes de Cristo, dicha promesa daba por sentado –desde ese momento– lo viejo del
existente o primer pacto [Sinaí] y que llegaría el momento en que se desvanecería el instante en que Cristo estableciera, con su propia sangre derramada en la cruz, el nuevo pacto prometido.

 Es decir, ese proceso de envejecerse duró 600+ años hasta el día en que
desvaneció o caducó cuando Cristo murió en la cruz y declaró en alta voz: "Consumado es", palabras que gritaron a los cuatro vientos del planeta tierra que Él, el Mesías prometido, había satisfecho a cabalidad o cumplido todos los requerimientos del viejo pacto y su ley acompañante. Insistir en mantener vivo lo que ya Cristo cumplió y dio por completado y terminado no es otra cosa que negar que Cristo lo consumó todo. Eso es negar que desvaneció ese viejo, antiguo pacto. Será por no entender... o por ignorar... pero, negar es negar. Lo más triste del caso es que la negación es al testimonio bíblico.  Rechace ésto y, en efecto, rechaza el testimonio de la Palabra eterna de Dios. ¡Ni más ni menos!                     [ volver arriba ]

 Quien así llega a conocer a Cristo es colocado, generalmente, bajo la autoridad de una 'Confesión de Fe' como si ésta fuese la palabra final en lo que a su fe y obediencia a Dios se refiere. Y más trágico aún es que a esta postura generalmente le sigue la subyugación de los nuevos convertidos a una falaz autoridad espiritual, 'casi divina' de escritores y teólogos del pasado cuyos escritos tan a menudo fomentan dicha sumisión a una u otra 'Confesion de fe' y a cientos de escritos humanos.

 A veces dan más atención y preeminencia en sus prédicas a las fuentes históricas, a saber, nombres de autores y sus escritos, que a la única fuente de verdad, la Biblia. Otros, sin disimulo alguno, predican sus 'Confesiones de fe' en vez de predicar la Palabra de Dios. ¿Verdad que es así? ¡Algunos de ustedes lo han visto con sus propios ojos!

 Al llegar la hora del estudio, el pastor o predicador les indica a los oyentes: "Abramos ahora nuestra copia de la Confesión de fe 'X', en el capítulo 'x'". O tal vez lo indicado es que los que trajeron sus copias del libro 'Y' por el autor 'Z' abran sus libros en la página tal. Ahí comenzará el estudio y, durante la experiencia instructiva, los oyentes serán fundamentados en las ricas y preciosas palabras del autor de ese libro.

 ¡Qué pérdida de tiempo! ¡Cuán aberrrado, en lo espiritual, es tal proceder! ¿Para qué se congrega la iglesia de Cristo: para saber más de lo que otros creyentes escribieron, o para aprender a los pies de Cristo lo que el Espíritu Santo nos recuerda de Sus santas enseñanzas? Para muchos, el estudiar a otros humanos tan pecaminosos y mortales como los congregados es algo muy especial. Les infla su ego... les levanta su estimación propia de lo mucho que conocen de la literatura del pasado. 

 Pero, para los que de veras aman a Cristo en tales iglesias, les  llegará el momento de crisis en que se preguntarán: "¿Y cómo ésto nos será de ayuda a nuestras almas, si sólo se trata de testimonios de otros como yo, salvados por gracia?" Mi alma tiene sed de ti, oh Dios, aliméntame, será el grito de algunos corazones. A veces sólo hallarán esa saciedad de su sed espiritual si buscan pastos verdes en otro pastizal donde la Palabra es preciada como el único manjar espiritual dado por Dios para sus ovejas.

 Por favor, no me malentienda en ésto. Siglos de historia de la iglesia de Cristo nos han legado muchos e